El pasado sábado 19 de septiembre de 2026, la Catedral de Murcia volvió a convertirse en el corazón palpitante de la comunidad educativa de la Región. En una mañana marcada por la solemnidad y el reencuentro, cientos de maestros y profesores de Religión de todos los puntos de la Región de Murcia nos dimos cita a las 10h para celebrar la Eucaristía presidida por el Sr. Obispo, Mons. D. José Manuel Lorca Planes, y recibir formalmente la Missio Canónica para el curso 2026-2027.
Este acto no es un simple trámite administrativo, pues comenzar formalmente el curso académico con el envío episcopal, posee una trascendencia pedagógica y comunitaria profunda. Representa el reconocimiento de que nuestra tarea en las aulas de los centros educativos no se limita a transmitir contenidos, sino que es un auténtico encargo eclesial y social.
En su homilía, D. José Manuel partiendo de la encíclica “Dilexit nos” (nos amó) del Papa Francisco, nos invitó a volver al Corazón de Cristo como espacio de síntesis, verdad y discernimiento espiritual. Nos recordó que, aunque ejerzamos la docencia en un ambiente marcado por la secularización y las dudas de fe, debemos asumir una conversión pastoral con sentido sinodal, afrontando las dificultades como oportunidades para ser “constructores de unidad y de paz”. Asimismo, nos alentó a mantener vivo el compromiso misionero y la caridad en nuestras comunidades educativas, formando personas solidarias e integrales.
Tras la celebración litúrgica, la actividad se trasladó al claustro del Palacio Episcopal, en donde se rindió homenaje a quienes cumplen 25 años de labor docente; a los docentes que alcanzaron la edad de jubilación en el curso anterior, tras una vida de dedicación a la Enseñanza Religiosa Escolar; y a las instituciones educativas con una dilatada trayectoria.
Durante la presentación, el Delegado Episcopal de Enseñanza, D. José Ruiz, destacó que, en un mundo crecientemente dominado por la inmediatez de las pantallas y la polarización, la Educación cristiana mantiene una misión insustituible: enseñar a pensar críticamente, actuar éticamente y descubrir el potencial latente en cada alumno.
Es precisamente aquí donde radica el verdadero valor del Área de Religión Católica dentro del sistema educativo. La formación plena de la persona -tal como señalan los principios fundamentales de la Pedagogía-, no puede ser completa si descuida la dimensión moral, trascendente y espiritual.
La Clase de Religión no debe de confundirse con la catequesis: mientras esta última busca la vivencia y transmisión de la fe, la Clase de Religión busca la transmisión del conocimiento, la reflexión crítica y el diálogo entre la fe, la ciencia, la cultura y las tradiciones de nuestro entorno regional y local.
A través de la Clase de Religión, los alumnos no solo aprenden a descifrar el arte, la historia o las fiestas que vertebran nuestras ciudades y pueblos a lo largo de cada año. Fundamentalmente, adquieren herramientas para el autoconocimiento, fortalecen su carácter y encuentran un marco sólido de valores universales como el respeto, la solidaridad, el perdón y la honestidad.
Afrontamos, pues, este nuevo curso con la certeza de que educar es sembrar esperanza. Renovamos nuestro compromiso docente con la formación integral de los jóvenes, convencidos de que, con paciencia, rigor y afecto, les ayudamos a construirse como personas completas, críticas y comprometidas con un mundo más justo y fraterno.






